viernes, 17 de febrero de 2012

PARA NORMA JEAN



                   Naciste en una familia problemática. Tu madre te llevó de un sitio a otro y nunca tuviste un hogar. Con tan sólo doce años, sufriste lo que ninguna niña debería sufrir, los abusos repetidos por parte de tu tío y  tus primos. Tu madre no te supo ayudar, y, cargando con sus propios trastornos emocionales te encauzó, aún muy joven, hacia el mundo de la fotografía. Primero fuiste modelo y, rápidamente, pasaste al mundo del cine.
Prefiero llamarte Norma. Imagino que el ridículo nombre que te pusieron fue para atraer a un tipo determinado de público y así lo hiciste, pero tú, Norma Jean, nos diste mucho más que tu belleza, nos diste tu talento.  
Dijiste una vez que no te interesaba el dinero, que sólo buscabas ser maravillosa. Parece una frase pueril, pero lo fuiste. En el sentido cinematográfico nos llegaste a maravillar, pero tu vida privada fue, sin buscarlo, un auténtico infierno.
Cuando rodabas “El príncipe y la corista”, sufriste tu primer aborto espontáneo. Ya eras célebre, sin embargo, eso no impidió que los monstruos que daban vueltas en tu cabeza no te dejaran dormir por la noche y, el alcohol y los barbitúricos, se hicieron tus amigos inseparables. El segundo aborto se produjo rodando “Con faldas y a lo loco”, para entonces, visitabas al psiquiatra, que aún te recetaba más somníferos. Comenzaste a olvidar los diálogos y los que no te conocían lo achacaban a tu estupidez. Pero los directores te adoraban y los productores se frotaban las manos.
Hubo quien dijo que, en las escenas dramáticas, excavabas dentro de ti para sacar tus demonios, que no tenías técnica de actuación, que eras tú misma.
Enamorabas a hombres y a mujeres, porque ellas veían en ti a la niña que llevabas dentro. ¿Y tú? Qué se hizo de tus amores o, mejor, qué hicieron ellos de ti.
Nos despertamos un día, siendo niños, con la noticia de que te habían encontrado muerta en tu cama, desnuda. Que habías tomado una sobredosis de barbitúricos o que te los habían hecho tomar, según versiones posteriores. La causa sigue siendo un misterio. Pasaste a engrosar la lista de los más hermosos y jóvenes cadáveres; James Dean, tu amigo Montgomery Clift, seguramente olvido a alguien. Todos teníais algo en común, ese interior atormentado que todavía vemos en vuestras actuaciones.
Te dejo por hoy, Norma, no estoy cansada, no tengo sueño, pero tengo, como tú, el mismo amigo que me acompaña por la noche, pequeño, redondo y blanco que trago con un sorbo de whisky.

3 comentarios:

  1. Uff, qué final. No sé qué tiene la fama que destruye a gente tan válida. Muy hermoso Amparo.

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  2. Me encanta Amparo!!! Y busca la foto de Norma leyendo el Ulises que es muy buena!!! Qué grande eres!!

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    1. Gracias, buscaré esa foto. Pero en esta, en la que no mira provocativamente a la cámara, me pareció más ella, más libre y tan actual...

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